El poeta Restrepo Gómez con su hija mayor, Blanca
Blanca
Ella y yo, como dos buenos hermanos,
íbamos por las playas de la Vida:
ella, pronta a curarme toda herida,
yo, listo siempre a bendecir sus manos.
De repente... llegaste; tu venida
aguardábamos ya; por eso ufanos,
al verte en nuestra ruta de gitanos,
ella y yo te dijimos: ¡Bienvenida!
Y aquí vas con nosotros, a manera
de una milagrosa jardinera
que las espinas del Pesar arranca.
Dios te salve por linda y porque tienes
en el alma, en el nombre y en las sienes
el sagrado prestigio de ser Blanca.
Francisco Restrepo Gómez

