Wednesday, December 4, 2013

Sobre todas las cosas




Sobre todas las cosas


En verdad yo no sé si soy poeta
ni mi importa saber tal destino;
sé tan sólo que llevo en camino
corazón de arlequín y alma asceta.

Sé que en esta mentira de lo humano
en esta senda por demás traidora,
soy un doliente peregrino, hermano
del sediento, del triste y del que llora...

Ya nada en la contienda me estremece,
porque es el desengaño mi estandarte,
y mi propio dolor me fortalece.

Y con fe, sin descanso y sin medida
amo la noble majestad del Arte
sobre todas las cosas de la vida.


Francisco Restrepo Gómez

Wednesday, November 27, 2013

Mi devocionario



Mi devocionario


Tengo un devocionario de tristezas
en cuyas blancas hojas escondido,
como yerto puñado de pavesas
guardo el mustio nenúfar del olvido.

Pero también, en ese libro cuerdo
que contiene los ritos de mi culto,
como amuleto inapreciable oculto
los vívidos miosotis del Recuerdo.

En mis horas de luto y agonía,
cuando la melancólica alma mía
se retuerce en su cárcel de asperezas,

me recojo a la sombra del Ensueño
para rezar con fervoroso empeño
en mi devocionario de tristezas


Francisco Restrepo Gómez

Wednesday, November 20, 2013

Limosna ideal




Limosna ideal



Ilumina mis pasos en mi senda
¡por la misericordia de tus ojos!
tengo el alma entre sombras y entre abrojos
y no sé dónde colocar mi tienda.

Calma la pequeñez de mis antojos
se mi ángel tutelar en la contienda,
dame a beber como preciosa ofrenda
el vino excelso de tus labios rojos.

Oye: mi corazón es un mendigo
que llega taciturno y sin abrigo,
a pedirte merced para sus males.

Si tienes bondad...no me abandones,
que yo te pagaré con mis canciones,
¡la limosna de amor que me regalas!



Francisco Restrepo Gómez

Wednesday, November 13, 2013

El dilema



El dilema


Señor: Tú sabes que mi vida es suya,
suya, muy suya... hasta morir por ella,
aun cuando siempre a mis reclamos huya
leve y fugaz cual voladora estrella.

Señor: no dejes que la ingrata aquella
más tiempo aún mi corazón destruya;
haz ya que cese mi mortal querella
y que mi cáliz de dolor concluya.

Mas... si no puedo entre mis brazos verla
ni contra el corazón aprisionarla,
si el cielo para mí no quiso hacerla.

Si a mi suerte, Señor, no has de enlazarla:
Tú que me diste amor para quererla
dame olvido también para olvidarla.


Francisco Restrepo Gómez

Wednesday, November 6, 2013

De Profundis



De Profundis


El alma mía ha muerto; lentamente
se extinguió cual se extingue una bujía;
tranquilamente y resignadamente
murió del mal de la Melancolía.

Y ese mal, tan común en la existencia,
más grave y complicado que la tisis,
no da la tregua jamás, ni tiene crisis,
ni lo ha podido combatir la ciencia.

Con devota piedad, hondo, muy hondo,
del corazón en el doliente fondo,
llevo el cadáver de la muerte mía.

Lo perfuma una flor; mi sentimiento,
y amoroso lo alumbra noche y día
el pobre cirio de mi pensamiento.


Francisco Restrepo Gómez

Wednesday, October 30, 2013

La hora excelsa



Hora excelsa


Hay en el libro de mi historia una
hoja que tiene resplandor de estrella,
y fue la noche que pasé con Ella
al amparo de un cómplice, la luna.

Hoy que con perspectivas malhechoras
espesa nube mi horizonte asalta,
por una nada más de aquellas horas
yo cambiaría la vida que me falta.

Y la cambiaría con amor profundo,
porque sin ella en el revuelto mundo
se me volvió el corazón pedazos;

Y la cambiaría porque estoy sediento
y porque ahora, como nunca, siento
la infinita nostalgia de sus brazos.

Francisco Restrepo Gómez


Wednesday, October 23, 2013

El amor dormido


El amor dormido


Si todo entre los dos ha concluido,
si ya nuestra pasión atormentada
huyó como un venado perseguido
y se ocultó en las selvas de la nada;

si todo terminó, si se ha extinguido
en nosotros la dulce llamarada
del amor, y a la vez en tu jornada
y en mi jornada floreció el olvido;

si ello es verdad, por qué cuando te encuentro
me tiembla el alma y corazón adentro
¡aguda espina sin piedad me hiere!

¿Por qué? Porque el amor en su batalla,
a veces huye... agoniza... y calla...
y pena... y pena... ¡pero nunca muere!

Francisco Restrepo Gómez