Wednesday, August 28, 2013

Calvario



Calvario

En desorden el cabello, la mirada suplicante,
con los pies despedazados por las guijas del camino
y escoltado por un pueblo miserable y asesino
que le grita y que le azota con furor desesperante;

Va Jesús, el Nazareno, moribundo, agonizante,
a entregarse resignado al tormento Longino,
y a la luz amarillenta del lucero vespertino,
una calma indefinida se revela en su semblante.

Se perdió por los espacios el gemido postrimero
de aquel hombre luminoso, de aquel pálido viajero,
inmolado por la turba sanguinaria de judíos;

Se cubrieron de tristeza los lejanos horizontes
y temblaron las montañas y las rocas y los montes,
¡y gimieron las palomas y las fuentes y los ríos!

Francisco Restrepo Gómez



Nota: Poesía de Francisco Restrepo Gómez tomada del número 17 de la revista "La Gruta", correspondiente al día sábado 28 de noviembre de 1903, dirigida por R. Espinoza Guzmán y F. Rivas Andrade

Wednesday, August 21, 2013

Voz fúnebre



Voz fúnebre

En este humano y revoltoso aprisco
yo soy una partícula de cieno,
y por todas las cosas vivo lleno
del amor, como el seráfico Francisco.

Mi plantas, de aspereza en aspereza
van, y de ventisquero en ventisquero,
y me muero, Señor, porque me muero,
como dijo una vez Santa Teresa.

Una infinita dualidad aqueja
mi corazón: lo mismo que la abeja
está lleno de miel y de ponzoña.

Y así voy, taciturno y peregrino,
llorando las tristezas del camino
en la fúnebre voz de mi ponzoña.


Francisco Restrepo Gómez

Thursday, August 15, 2013

Savoir vivre




Savoir vivre

Tener el alma enferma y dolorida,
mirarlo todo con indiferencia
y apurar con estoica displicencia
la copa innecesaria de la Vida.

Tener un sólo culto: la Belleza,
avivar una hoguera: el Pensamiento,
cultivar una planta: la Tristeza,
deshojar una flor: el Sentimiento.

Tal es, acaso, la mejor manera
de hacer un poco suave y llevadera
la injusta carga que nos toca en suerte.

Y después, cuando acabe el melodrama,
como sobre una hembra que nos ama,
caer sobre los brazos de la muerte.

Francisco Restrepo Gómez

Saturday, August 3, 2013

Contrastes



Contrastes

Salgo convaleciente y desvalido
a mi jardín, y mi jardín me ofrece
sus múltiples fragancias, y parece
como que me dijera: Bienvenido.

Ha vuelto la voluble primavera,
están llenos de rosales los rosales,
y el sol dará sus miles de puñales
en el gran corazón de la pradera.

En cambio a mis campiñas interiores
llego el invierno y con su marcha fría
despetaló mis entreabiertas flores.

A la vez que con manos despiadadas
y traicioneras, la melancolía
clavó en mi pecho un millón de espadas.



Francisco Restrepo Gómez

Wednesday, July 31, 2013

Viejo cansancio


Viejo cansancio


De Norte a Sur, de Oriente hasta Occidente
fui con mi carga de melancolías,
no en busca de ruidosas alegrías,
tras un buen corazón, ¡únicamente!

Pasaron noches y pasaron días,
pero del mundo en el boscaje hiriente
no pude hallar, desventuradamente,
quien compartiera las tristezas mías.

Por eso al arribar a tus cerrojos
te pido, Amada, por los dioses buenos,
me dejes, cual consuelo a mis enojos,

Reposar mis cansancios nazarenos
en las pampas azules de tus ojos
o sobre las colinas de tus senos.



Francisco Restrepo Gómez

Friday, July 26, 2013

Lejana mía


Lejana mía

Cuando el ave ilusión ya no engalana
con sus trinos los prados de mi huerta
y no hay quien diga al corazón "¡Despierta!"
ni quien ponga una flor en mi ventana;

cuando ya tengo la esperanza muerta
y voy solo en la errante caravana;
cuando, como en acecho, ante mi puerta,
silba furiosa la serpiente humana;

cuando la vida se me vuelve un hondo
paréntesis de dudas, y me pierdo
en un mar sin orillas y sin fondo;

entonces, mi lejana compañera,
se abraza mi recuerdo a tu recuerdo
como al viejo sauz la enredadera.

(inspirado en el soneto La compañera y escrito cuando ésta había muerto)


Francisco Restrepo Gómez

Tuesday, July 23, 2013

A la hora de nona




A la hora de nona

¡Muda la inmensidad! Sobre la cumbre
de altivo monte el Salvador moría,
mientras en torno de la cruz bullía,
beoda de placer, la muchedumbre.

Un vaho de infinita pesadumbre
por doquiera a la atmósfera vertía
y de los ojos del Señor surgía
tranquilo mar de redentora lumbre.

¡Cuánta desolación! Naturaleza,
desbordaba torrentes de tristeza
al ver morir al hacedor bendito.

Y en tanto que el maestro agonizaba
el sol, como un gran huérfano bañaba
con sus lágrimas de oro, el infinito.


Francisco Restrepo Gómez